El reloj regresó a mi muñeca, vuelve a cumplir la misión de recordarme que durante trece horas, mis pasos seguirán el ritmo de sus agujas. Será quien indique la hora levantarse, de bañarse, vestirse, tomar un vaso de leche, abordar el bus, desayunar, colocar la mano derecha en un aparato de metal y digitar el 4714. Esperar a que el aparato certifique que soy yo quien está ahí. Soy yo; el aparato me “reconoce”.
Es tiempo de empezar con las actividades que harán que ocho horas parezcan o demasiado largas o demasiado cortas.
Durante trece horas observo el ir y venir de las agujas y compruebo que la frase de Camus es certera “Cuando se lo observa el tiempo no marcha de prisa, se siente vigilado. Pero se aprovecha de nuestras distracciones. Hasta es posible que haya dos tiempos: el que observamos y el que nos transforma.”
El 2011 inicia y he decidido prestar más atención al tiempo. Quizá pueda caminar al ritmo del tiempo que observo y descubrir el ritmo del tiempo que me transforma.

2 comentarios:
Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.
- Daniel
Gracias.
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